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Mi barrio San Isidro, memorias de evolución

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Con el trabajo de su gente en la organización de actividades de recaudación, como carnavales, polladas, hamburgueseadas y más, acompañadas de la calidez y amabilidad de los vecinos, fue construido uno de los barrios más antiguos de la ciudad de la burrerita. Para conocer más detalles de esta localidad, hoy les traemos esta segunda entrega de historias de barrios lambareños: Mi barrio San Isidro, memorias de evolución.

Uno de los barrio más grandes de Lambaré: San Isidro limita con los barrio Valle Apu’a, Mbachió, Puerto Pabla y la ciudad de Villa Elisa.

El barrio San Isidro es uno de los más grandes y antiguos de Lambaré, según comentaron varios vecinos a Lambaré Mbarete.

Pero antes de ser un barrio, San Isidro era parte de Asunción en la época colonial y la zona era conocida como «Calle Última», según manifiesta el profesor lambareño Miguel Alarcón en su blog Kuaapy Rokái. Dicho lugar, de acuerdo con el docente, estaba constituido por varias chacras, las cuales fueron distribuidas por el entonces Instituto de Reforma Agraria (IRA) -hoy Indert-, donde sus pobladores se dedicaban a vender sus productos casa por casa.

Así, según refiere el profesor Alarcón, las personas que salían a vender las hortalizas generalmente eran mujeres montadas en burros, por lo que la burrerita se volvió con el tiempo un símbolo inmortal de esta localidad.

Ícono: Las burreritas por su labor se volvieron en un símbolo de referencia de Lambaré.

Tiempo después, hacia finales de la década del 50 del siglo pasado, se formó el barrio con llegada de pobladores de zonas ribereñas de Asunción, quienes ante la crecida del río y los decretos leyes 6.793 y 7.931, que disponían dar tierra y vivienda a los pobladores de las zonas inundables, tuvieron que ser trasladados por el gobierno al lugar que ahora constituye el barrio San Isidro.

De hecho, don Félix Irala, quien nació en el barrio San Isidro hace 60 años en la zona de la capilla homónima al barrio, confirmó a este diario la mencionada información, cuando explicó que sus padres, abuelos y tíos estuvieron entre los primeros pobladores de la localidad. “Mamá y eso vivían hacia Loma San Jerónimo y cuando venían las lluvias grandes, les arrasaba el agua. Entonces el presidente, que durante ese tiempo era Stroessner, les dio este predio a ellos para construir acá», afirmó.

Con dedicación y esfuerzo, el barrio San Isidro progresó

De esta manera, según el profesor Alarcón y el poblador Irala, el barrio San Isidro se fue poblando poco a poco. Así, de acuerdo con nuestras fuentes, ante la llegada de más personas, quienes en muchos casos tenían hijos, la profesora María del Carmen Morales de Achucarro con su sobrina, la profesora Aurora Escurra Morales, vieron la necesidad de tener una escuela en la zona, por lo que en un galpón construido en el barrio, empezaron a dictar las clases. Hoy, uno de los colegios emblemáticos del barrio y de la ciudad es precisamente el que se denomina como esta docente pionera, María del Carmen Morales de Achucarro (calle Panambi Verá e/ Avda. Defensores del Chaco).

Inicios: En un modesto galpón las profesoras Achucarro Morales y Escurra Morales daban clases a los niños del barrio San Isidro. (Foto blog de Miguel Alarcón).

El mencionado galpón no solo sirvió para dar clases, sino que más tarde también fue utilizado como centro de reunión comunitario y como iglesia, por lo que allí se dieron las primeras misas y actos litúrgicos en el barrio San Isidro, según el profesor Alarcón.

De esta manera, tiempo después, con el trabajo e ingenio de los pobladores, se empezaron a construir la capilla San Isidro Labrador, la comisaría, la escuela y un centro comunitario con paredes de adobe. Posteriormente, con diversas actividades económicas como tallarinadas, polladas, rifas y más, se pudo recaudar el dinero para terminar dichas edificaciones. Igualmente, los vecinos se encargaron de construir sus caminos, ya que los empedrados que tienen en la zona fueron hechos en su totalidad por el trabajo de la comunidad, según lo señalado por Irala, poblador de la zona.

De hecho, doña Rossana Ibarra, otra pobladora del lugar desde hace más de 15 años y una de las despenseras del barrio, comentó a Lambaré Mbarete que en la última década se agrandó la capilla, se arregló la plaza y se hicieron varios arreglos en la comunidad gracias al trabajo de los vecinos. «A través de los pobladores, de la platita que se junta en la iglesia, se juntan los fondos para cualquier cosa que se necesita en el barrio», explicó.

Una expropiación que dio lugar a una nueva área del barrio San Isidro

Por otro lado, en la zona de la capilla San Miguel del barrio San Isidro, los terrenos eran campos de plantación de frutas y hortalizas que pertenecían antiguamente al señor Miguel Martínez, a quien el gobierno del entonces presidente Alfredo Stroessner le expropió gran parte de su propiedad, que en total formaban 1.200 lotes, según declaró Julio Ortiz, uno de los primeros pobladores de esta área del barrio.

San Isidro: Calle del barrio en década atrás. (Foto blog de Miguel Alarcón).

Así, de acuerdo con lo referido por el vecino, Martínez lo único que pidió al gobierno tras la expropiación es que el Club 29 de Septiembre, que era de su propiedad, pase a manos de la comunidad y que se deje un terreno amplio para construir una escuela, lo cual ocurrió posteriormente.

Precisamente, según Ortiz, cuando ya empezaron a llegar los primeros pobladores hacia el año 1968, con la ayuda de Pablo Rojas y luego de Andrés Delmás, se empezó a gestionar los papeles para que cada familia tenga los documentos de sus casas, aunque el trámite lo terminaron los vecinos por su cuenta. De ahí que la institución educativa edificada en la zona lleva el nombre de Andrés Delmás (calles J. Andrés Gelly y Eugenio A. Garay), por la ayuda que este prestó a los vecinos en los inicios del barrio.

Trabajo solidario: Misa en la capilla San Miguel, que fue construida gracias al trabajo de los vecinos del barrio San Isidro. (Foto gentileza).

Luego, según lo comentado, don Julio les llevó a su padre y a varios hermanos a vivir con él en el barrio San Isidro, por lo que muchos de sus vecinos son sus parientes. Por ello, entre familiares de Ortiz y otros vecinos que se sumaron se formó una comisión vecinal, que fue cambiando de líderes pero que trabaja hasta la actualidad.

Con dicha comisión vecinal, de a poco, el barrio fue creciendo y se realizaron varias obras de infraestructura. Una de ellas fue la construcción de la capilla San Miguel, que lleva el nombre del santo del cual era devoto el anterior dueño de esas tierras y, de hecho, los pobladores, hasta ahora, mantienen como una reliquia de la comunidad la imagen del arcángel Miguel que habría pertenecido a Martínez, según explicó don Julio.

Empedrados y capilla, construidos con cimientos de carnaval

Así también, los vecinos de la capilla San Miguel con varias actividades lograron realizar mejoras en las calles de la zona. Incluso, la esposa de don Julio, la señora Emilia Miranda de Ortiz, comentó que «el empedrado es particular, ni un solo guaraní se pidió al Estado y se construyó mediante el baile».

Ingeniosa recaudación: Imagen del primer carnaval organizado por los vecinos del barrio San Isidro para juntar dinero para construir un empedrado. (Foto gentileza).

La señora Emilia dio esa referencia para explicar que para generar ingresos, a ella y a su marido se les ocurrió hacer un carnaval en el barrio y así, con el dinero recaudado, se podría empezar a construir el empedrado. Fue así que Don Julio, que era constructor de obra en ese momento, consiguió parejas para todo el personal que trabajaba con él y se realizó la comparsa.

Así, cada año los vecinos bailarines realizaban su carnaval e iban a competir a distintas ciudades del país, como Caacupé, Villarrica y San Bernardino, contaron nuestras fuentes. Además, en la mayoría de los concursos, según contaron, los lambareños salieron victoriosos y con el dinero ganado, que en una de las competencias llegó a superar los G.1.500.000 en décadas atrás, lo que en esa época era mucho dinero, se terminó de construir el empedrado.

Comparsa lambareña: Uno de los carnavales que fue impulsado por los vecinos del barrio San Isidro fue en conmemoración a los 50 años de la ciudad de Lambaré. (Foto gentileza).

Igualmente, los vecinos de esta zona del barrio, años atrás, promovieron el primer carnaval lambareño en el que, como en los otros concursos, también resultaron ganadores. Si bien los carnavales en la última década no fueron la atracción principal de Lambaré, estas anécdotas quedan para siempre en los recuerdos de los cimientos de la ciudad.

Lucia Ortiz: Un solidario ejemplo de San Isidro

Por otro lado, los Ortiz también tienen el honor de que una de las calles del barrio lleve el nombre de un miembro de su familia, que es Lucía Ortiz Lovera, en conmemoración a la hermana de Don Julio, quien en vida, ayudó mucho a la escuela, la iglesia, el club y a la comunidad. De hecho, el señor Julio comentó como anécdota: «Mi hermana pues tenía principio de (formación en) carpintería y de cualquier tablita te hacía cajoncito. Entonces, si morían por ejemplo los angelitos, ella hacía los cajoncitos y todo gratis».

Homenaje: Una de las calles del barrio lleva el nombre de Lucía Ortiz Lovera en honor a una solidaria pobladora del lugar que falleció años atrás. (Imagen de Google Maps).

En la actualidad, los vecinos de la capilla San Miguel del barrio San Isidro siguen trabajando por su comunidad, ya sea con polladas, hamburgueseadas, rifas y otras actividades para distintos objetivos, que muchas veces son ayudar a los enfermos y los más carenciados, según explicaron los Ortiz.

«Un paraíso en el Solar»

Por otra parte, según explica el profesor Alarcón en su artículo, la zona del barrio que perteneció a la inmobiliaria Solar S.A. y que actualmente se conoce como Solares de San Isidro es otro de los sectores del barrio mencionado.

«De Solar es todo este lugar y un sobrino de mi cuñado es el que compró y no pudo pagar. Mediante eso tuvimos casa y eso fue hace unos 40 años», comentó doña Celina Benítez, una conocida vecina de la zona que tiene una de las despensas más antiguas del lugar.

Solares de San Isidro: Una de las zonas del barrio San Isidro, la cual fue construida en gran parte por una inmobiliaria.

Igualmente, Benítez manifestó que al llegar, la zona contaba con unas 70 casas, aunque no todas estaban habitadas. No obstante, la inmobiliaria entregó las casas con agua corriente, luz eléctrica y con las calles empedradas. Además, agregó que la casa donde ella vive hasta hoy le costó a ella y a su marido, Don Pedro Bejarano -un emblemático vecino de esta zona que falleció este 2021-, unos 15 millones de guaraníes, que los pagaron en cuotas durante unos 15 años.

Doña Celina y don Pedro fueron exiliados en la época del gobierno de Alfredo Stroessner, por lo que fueron a vivir a Argentina, pero al caer la dictadura volvieron a Paraguay. De hecho, Benítez relató que «vinimos porque mi marido quería venir a quedarse acá, esa era su idea. Allá en Buenos Aires dejamos todo, incluso un lote que compramos, porque él quería venir a vivir acá. Entonces, vinimos como sea, y acá estuvimos felices».

Más de 40 años en el barrio: Doña Celina es una de las despenseras más conocidas de la zona de Solares de San Isidro.

Así también, doña Celina comentó como anécdota que en un principio, tras llegar de Argentina a nuestro país, compraron una casa en Luque, pero que a sus hijas no les gustaba. «Después las nenas cuando vinieron acá (a Lambaré) me dijeron: ‘Este es un paraíso, mamá’. Les encantó luego este lugar y acá nos alegramos todos», comentó. Además, agregó que le gusta vivir en Lambaré porque coincidentemente, todos sus hermanos, que son ocho en total, viven en la ciudad, e incluso un par de ellos vive a cuadras de su casa, por lo que fue ideal para su familia esta ubicación.

De la misma manera, las dos hijas de doña Celina, debido a que les gustó mucho vivir en esta ciudad, también se radicaron en Lambaré con sus respectivos maridos e hijos.

Delincuencia, un flagelo en San Isidro

Los vecinos de todas las zonas del barrio San Isidro coincidieron en que la delincuencia representa una problemática constante, aunque refirieron que es un flagelo que ya es «común» en nuestro país.

No obstante, en el caso particular del barrio San Isidro, don Irala refirió que, tal vez, uno de los aspectos que aumentó la cifra de hechos delictivos en la zona, principalmente robos domiciliarios, fue la instalación de personas provenientes de otras partes del país en asentamientos que se multiplicaron en la última década.

No se trata de criminalizar la pobreza, pero según lo señalado, en algunas de estas zonas hay personas que cayeron en la drogadicción o la delincuencia.

Vecinos en alerta: Doña Rossana y don Félix son vecinos del barrio San Isidro de la zona de la capilla San Isidro Labrador.

De hecho, doña Rossana mencionó que «delincuencia hay en todas partes, pero en los últimos tiempos acá en el barrio lo que hay más son rapiñeritos, principalmente a la noche lo que entran a robar en las casas y, a veces, no podemos hacer nada porque no sentimos. Pero nosotros acá con los vecinos tenemos un grupo de WhatsApp en el que nos avisamos todo lo que pasa y hacemos lo posible por los vecinos».

Así también, doña Celina agregó: «Delincuencia hay en todos lados, pero a mi por ejemplo nunca me molestó nadie. Aunque muchos vecinos ya fueron alcanzados por los delincuentes».

San Isidro: Un barrio solidario y trabajador

Más allá de los problemas, que en todas las localidades hay, San Isidro es un barrio que, de acuerdo con los testimonios de sus habitantes, es un lugar donde la solidaridad y el trabajo fue uno de los pilares más importantes para el progreso de la comunidad.

Muchos de los sitios icónicos del barrio San Isidro, como sus calles y sus capillas, fueron construidos gracias al trabajo de los vecinos, que con su esfuerzo, ingenio, perseverancia y labor en equipo logaron sus objetivos, a pesar de que no tenían muchos recursos económicos.

De hecho, según los testimonios, hasta la actualidad los vecinos se apoyan entre sí con actividades, ya sean polladas, hamburgueseadas y rifas. Además, esta ayuda solidaria se fomentó en la pandemia, ya en que muchos quedaron sin trabajo o fueron afectados por la enfermedad del covid-19.

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